Camisetas de fútbol baratas: la piratería textil desde Tailandia mediante las réplicas

Si la fe mueve montañas, el fútbol… El fútbol mueve a las masas y agita los bolsillos porque, a pesar de la que está cayendo, las camisetas de los jugadores de los equipos de fútbol se venden “como churros” y no sólo en España, sino en todo el mundo. Equipos como el FC. Barcelona o el Real Madrid hacen ronda de partidos amistosos en la pretemporada a lo largo de todo el mundo con el objetivo de promocionarse, puesto que el merchandaising arrasa también fuera de nuestras fronteras y les hace obtener pingües beneficios.

Si va a comprar algún artículo de un equipo de fútbol, es aconsejable hacerlo en una tienda oficial, puesto que no siempre es fácil distinguir una falsificación. Y es que allí donde hay negocio, hay picaresca. Tanto es así que ya se han detectado en España ventas de supuestas camisetas legales de equipos que han resultado ser falsas. Son copias perfectas que tienen cuidado hasta el último detalle y llegan desde diferentes puntos del globo terráqueo. Sin embargo, Tailandia está, ahora mismo a la cabeza de la fabricación de estas falsificaciones. Y no crean que siempre se falsifica en países exóticos u orientales. En el caso de los bolsos se calcula (aunque es imposible hacerlo oficialmente) que el 70% de las falsificaciones se fabrica en Nápoles.

En lo que respecta a las camisetas, el coste de producción de una prenda ronda los ocho euros al cambio. Sin embargo, sus precios de venta en Europa superan los cien euros, así que es fácil deducir que el beneficio de quien hace negocio con las camisetas es suculento. ¡Ah! y por supuesto que no es necesario irse a Tailandia a comprarlas, se hacen los encargos a través de la red.
En el país de origen, el negocio no es tan brillante. Generalmente, el patrón de cada taller suele obtener importantes rentas, puesto que se fabrican en lugares donde los derechos laborales brillan por su ausencia. Aún así, es fácil coger la calculadora y comprobar la diferencia entre producir y vender mil camisetas, por ejemplo, a unos ocho euros cada una y el que las distribuye y vende en Europa en torno a los cien euros como si fueran auténticas.

Y es que realmente parece que lo son. El cuidado del detalle con que se cosen las camisetas hace que parezcan realmente las oficiales. Es verdad que las camisetas oficiales no valen realmente lo que cuestan. En realidad, se paga por la marca, en este caso del equipo de fútbol del que se sea forofos, pero si se está dispuesto a pagar ese precio, al menos que sea por un producto realmente oficial. Mucho cuidado con que no nos den gato por liebre, porque aunque sea gato, nos lo van a cobrar a precio de langosta.

Por si se está frotando las manos calculadora en mano viendo cuántas va a comprar… abra los ojos, porque, evidentemente, el negocio es ilegal y está perseguido por la policía.