Trabajar en Google

¿A quién no le gustaría poder trabajar en un sitio donde se pueda jugar al futbolín, al ping-pong o al billar?¿O quién estaría disgustado por estar jugando con la videoconsola durante la jornada laboral?¿Alguien diría que no si en vez de hacer la tarea rutinaria en una compañía está durmiendo plácidamente en un sillón de una multinacional sin que nadie le diga nada?¿ O tener una conversación agradable con los compañeros de trabajo? ¿Alguien cree que es impensable acudir al gimnasio en horario de oficina?

Estamos inmersos en el siglo XXI. Muchos expertos y teóricos han definido esta nueva época como la era de la informática o de las telecomunicaciones. Es verdad que ha habido un salto cualitativo y cuantitativo en el mundo de la tecnología siendo uno de los sectores que más se ha modernizado en los últimos años. Pues bien, si la tecnología y la sociedad ha evolucionado conjuntamente, las empresas no son menos y también han revolucionado sus oficinas.

No obstante, diferentes multinacionales conocidas por el prestigio que han ganado gracias a sus servicios a los que se han suscrito millones de personas han dado un paso más allá y han creado “una forma de vida” en el trabajo. Empresas como Google, Facebook o L´Oreal, entre otras, han roto todas las normas clásicas y clasistas de la estructura rígida de las grandes empresas. Estas tres multinacionales tienen entre sus plantillas, con total seguridad, a los mejores empleados del mundo en el sector en el que operan. Lo saben bien. La competencia entre las compañías es muy dura, rompiendo, en muchos casos, las políticas de competencia. Los directivos de Google o Facebook son conscientes de ellos y, por eso, han ideado una estrategia distinta de conseguir productividad y buenas ideas basada en el relax y en el trabajo libre del individuo.

De hecho, si a una persona, en un momento dado, no le apetece estar trabajando y desea jugar al futbolín con sus compañeros de trabajo para relajarse o para liberar la mente, entre otros motivos, lo puede hacer libremente. Los trabajadores también son conscientes de que están percibiendo un salario muy alto en una multinacional con prestigio y fama. Son compañías que han dado un paso más allá rompiendo las reglas estrictas y burocráticas que estandarizan al 90% de las empresas. No tienen jornadas fijas. No tienen un horario de entrada y de salida. Ellos son sus propios jefes.
En el resto del mundo, la mentalidad y el funcionamiento es muy distinto. Con normas y directrices. Con tensiones y enfados.

Pero, de una manera u otra, el fin siempre va a ser el mismo entre una multinacional y otra. Nos contratan para realizar una labor o una actividad a lo largo del día, de la semana, del mes o del año. Si el resultado es satisfactorio, será positivo para ambas partes. Si no lo es, será nocivo tanto para la empresa como para el trabajador. El fin es el mismo en todos los negocios. Lo único que cambia es la percepción que se tiene en el trabajo. De estar más libre, a estar continuamente observado.

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