Testaferro

En estos tiempos que corren, en los que, por desgracia, cada vez afloran más casos de corrupción, la figura del testaferro ya nos es más que familiar. Ha aparecido en tramas corruptas como el caso Bárcenas, la Gurtel, Urdangarín o Díaz Ferrán, por lo que, a priori, podemos hacernos una idea de que el trabajo del testaferro no debe ser muy legal.

Sin embargo, según varias definiciones, el testaferro es la persona que presta su nombre en un contrato o un negocio que, en realidad, es de otra persona. Una figura que, en términos jurídicos, en nuestro país es legal. De echo, en Internet podemos encontrar multitud de anuncios que ofrecen este tipo de servicio.

Pero, si esta definición la aplicamos a casos de corrupción como los anteriormente citados, el testaferro sería la persona que una trama corrupta contrata, normalmente a cambio de un sueldo, favores, regalos…, para que suplante a otra en negocios fraudulentos. El objetivo: escapar así del control judicial, bien para evitar pagar impuestos, blanqueo de capitales, etc, por lo que entonces, hablaríamos de delitos.

Pongamos un ejemplo para entenderlo mejor.

Una persona que representa muy bien la figura del testaferro es Ángel de Cabo, un empresario valenciano venido a más gracias al boom inmobiliario que se convirtió en testaferro del expresidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, ambos ahora en prisión. Díaz Ferrán contrató sus servicios cuando su grupo turístico, Viajes Marsans, estaba a punto de declararse en quiebra.

El plan: encontrar a un liquidador de empresas que comprara el grupo, a un precio simbólico, con la finalidad de “vaciarlo” patrimonialmente y evitar así hacer frente a las deudas millonarias contraídas con los acreedores. La persona perfecta para eso era Angel de Cabo. Y así, se creo la trama. De Cabo, ayudado al mismo tiempo por otros testaferros que formaban parte de su organización criminal, comenzó a crear sociedades pantalla, es decir, ficticias, a las que iba transfiriendo el dinero proveniente del saqueo de Marsans. Dinero que todavía se está buscando y que los investigadores saben que, en gran parte, se encuentra en paraísos fiscales.

Pero además del dinero, Díaz Ferrán intentó ocultar sus propiedades, como un Rolls Royce, un chalé de lujo en Mallorca, varios pisos en Madrid, un yate, o dos apartamentos exclusivo frente a Central Park de Nueva York. Todas ellas, también a nombre de empresas ficticias, bien a nombre de familiares o de su testaferro Angel de Cabo. Díaz Ferrán, sin embargo, no aparece como titular en ninguna sociedad, pero los investigadores saben que, en realidad, el dinero y las propiedades son de él. Tanto el expresidente de los empresarios españoles como su socio en la trama, Ángel de Cabo, están acusados de los supuestos delitos de alzamientos de bienes, blanqueo de capitales e insolvencia punible.

Este sería un ejemplo de la figura delictiva del testaferro. Sin embargo, muchas veces, el testaferro acaba convirtiéndose en una víctima que, manipulada, se presta como títere de otras personas y acaba pagando las consecuencias de las actividades ilegales de quien las contrató.

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