Tensión en el Lejano Oriente ¿qué se esconde bajo el mar de la China Oriental?

En las últimas semanas parece haberse reactivado la tensión en el mar de la China oriental entre los tres países asiáticos que lo bañan. Por un lado, China y, del otro, Japó y Corea del Sur han enseñado los dientes en una serie de movimientos diplomáticos y militares que han puesto una vez más de manifiesto las diferencias entre ellos. China y Japón están disputando su propia partida en torno a un grupo de ocho islotes deshabitados que los primeros llaman Diaoyu y los segundos Senkaku. Pero las razones de la disputa no son exclusivamente territoriales o de soberanía. Bajo el citado archipiélago hay indicios de que se encuentran depósitos de hidrocarburos que ambos países codician.

Si bien el conflicto lleva abierto varias décadas, desde que tras la II Guerra Mundial los estadounidenses concedieran el territorio a Japón –sin el consentimiento ni la aceptación de Pekín—en fechas recientes la disputa está entrando en una fase de confrontación abierta. En 2012, los japoneses capturaron un navío chino que navegaba en la zona. Esto generó un profundo rechazo entre la población china que tomó las calles e incluso llegó a sitiar la embajada nipona en Pekín.

Si la componente territorial es importante ya que la adjudicación de las islas para uno u otro país supondría una importante ampliación de las aguas sobre las que ejercería su control. Esto no solo supone el control del espacio marítimo y por ende de las rutas comerciales sino también de los recursos pesqueros y de todo aquello que se encuentre en el fondo del lecho marítimo.

Y lo que se piensa que hay bajo las islas Senkaku/Diaoyu es una gran bolsa de gas y petróleo. Así lo afirmaba ya un informe de Naciones Unidas fechado en 1968 y que revitalizó las reclamaciones no solo de China sino también de Taiwan en un momento en el que los japoneses estuvieron a punto de ver reconocida su soberanía sobre el archipiélago.

El último paso en la escalada de tensiones lo dio Pekín hace escasas semanas cuando incluyó las islas dentro de su nueva Zona de Identificación para la Defensa Aérea (ADIZ). Si bien esta denominación es de tipo técnico y no implica legalmente que el archipiélago le pertenezca, la componente militar de la misma es relevante en el plano político ya que de este modo los cazas chinos se atribuyen la capacidad de sobrevolar la zona y de identificar a las naves que encuentren, un movimiento que quiere ser una declaración de fuerza tanto como de intenciones.

Una vez más para entender un conflicto que tanto Pekín como Tokio quieren pintar de justa reclamación de un territorio que históricamente pertenecía bien a unos, bien a otros, hay que ir a los motivos no declarados. El control de estas islas permitirá a cualquiera de los dos países proyectar su espacio marítimo en detrimento del otro. Además de los que ello implica en cuanto a control de las rutas comerciales que atraviesan la zona –cada vez más importante dado el tráfico comercial con origen y destino en la China continental—, la posesión indiscutible de las islas Senkaku/Diaoyu otorgaría la exclusividad de la explotación de los recursos naturales de la zona.

La tensión que se está viviendo en la zona es también reflejo de la expansión que China está intentando llevar a cabo a fin de convertirse en la potencia más importante de la región, pero en este disputa no solo tiene enfrente a Japón, Corea del Sur o Taiwan. Detrás de ellos se cierne la sombra de los Estados Unidos.

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