Potencias económicas mundiales

Todos los años las grandes potencias económicas se reúnen y discuten de los asuntos más relevantes del año. Ya desde los años 50 del siglo XX, cuando gracias al desarrollo del transporte aéreo las cumbres podían celebrarse en distintas sedes cada año implicando viajes de mucha menos duración que hasta entonces, se fueron conformando grupos informales de países que coordinaban sus políticas económicas, comerciales y financieras a través de estos encuentros. Surgió así primero el G-7, luego el G-8 y en fecha tan reciente como el 2008 el G-20.

El primer grupo de países que comenzaron a coordinar sus políticas económicas fueron los 5 países más industrializados que tras la II Guerra Mundial se adhirieron al bloque occidental. En origen fueron EE.UU., Reino Unido, Francia, la República Federal de Alemania y Japón. No fue hasta los años 70 que el conjunto se expandió integrando a Italia y a Canadá. Tendrían que pasar otros 20 años y el colapso de la Unión Soviética para que el grupo aceptase un nuevo miembro, la renacida Rusia.

La ampliación del G-7 al G-8 fue un tanto polémica ya que la Rusia surgida del hundimiento soviético era un caos que a prisa y corriendo intentaba liberalizar su economía. Los miembros del G-7 vieron en la integración de Rusia en el grupo la oportunidad de motivar al país para avanzar en la senda de la liberalización económica y de asentar un sistema democrático.

Con algunos intentos de otros países, entre ellos España, de acceder al grupo pasaron los años 2000 hasta la conmoción que supuso para la economía internacional el estallido financiero de la crisis subprime en 2008. En pocos meses se vio que el agujero que se ocultaba tras las hipotecas afectaría de forma entonces insospechada a todos los países del globo y para ello se conformó un nuevo grupo mucho más amplio y representativo de la situación económica internacional.

Por primera vez, se incluyó a países emergente y de continentes que hasta entonces habían sido dejados de lado. México, Argentina, Arabia Saudí, Sudáfrica, China, Brasil, Turquía, India, Indonesia, Australia y Corea del Sur se unieron a los ocho países y se permitió la participación por primera vez de un ente no estatal: la Unión Europea en representación de los estados que la componen, pero con una voz propia.

Desde 2008 se han sucedido ocho cumbres, siendo la última la celebrada en San Petersburgo en septiembre de 2013. El G-20 ha querido ser una herramienta más para abordar los efectos de la crisis económica internacional que siguió al colapso de Lehman Brothers y el sistema financiero de Wall Street. Al integrar a más países de los que formaban el G-8 no solo se amplió el alcance de las decisiones tomadas, sino que se permitió el aporte de ideas y puntos de vista nuevos. Las economías emergentes, hasta entonces consideradas como periféricas han asumido un rol importante al participar en este foro.

El establecimiento del G-20 puede suponer el reconocimiento de un mundo económico más diverso, alejado del patente unipolarismo que siguió a la caída del muro de Berlín en lo político y lo económico. Cuando los efectos de la crisis dejen de sentirse se verá hasta qué punto esta situación ha llegado para quedarse.

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