Pérdidas por catástrofes

Los costes de los fenómenos meteorológicos extremos pueden ser enormes para los estados, hasta el punto de provocar el desequilibrio en el presupuesto tanto del país que lo sufre como otros afectados. En treinta años, sólo las catástrofes que se han producido en Europa, han causado pérdidas por más de cuatrocientos mil millones de euros, teniendo en cuenta el precio del dinero de 2011.

Las pérdidas no sólo vienen de los conocidos desastres naturales, estos desencadenan otro tipo de catástrofes, las llamadas ‘natec’. Son daños tecnológicos que se han sufrido más a menudo por la evolución de la industria, que se ha vuelto más compleja. Un ejemplo de esto fue la central nuclear de Fukushima después del tsunami que arrasó la costa de Japón en 2011.

Según las cifras que maneja el departamento de Reducción de Riesgo de Desastres de las Naciones Unidas, las pérdidas ocasionadas por las catástrofes climáticas han aumentado desde los años noventa. Sólo en 2012, supuso unos 120.000 millones de euros en todo el mundo. Un número desorbitado, pero bastante menor que el del año anterior (300.000 millones de euros), porque se produjeron menos inclemencias en zonas emergentes y de menor desarrollo.

El impacto de las catástrofes en las cuentas de las compañías eléctricas es significativo, teniendo en cuenta la poca frecuencia con la que ocurren. Frente a las averías y otras operaciones (que son más del 75% de los siniestros que se producen) de las que se derivan pérdidas (más de mil millones de euros en los últimos ocho años) los accidentes relacionados con la meteorología (12% de los casos) implican un agujero económico mucho mayor en proporción.

Los empresarios cuyos negocios están expuestos a este tipo de fenómenos y los especialistas en el estudio del clima, coinciden en que la clave está en la gestión que se realice de los riesgos. Para ello creen que es esencial invertir en que la tecnología se cada vez más eficiente e integrar medidas de mantenimiento.

La prevención es ahorro y se puede comprobar fácilmente mirando los costes cuando se aplican estas políticas y cuando no se han tomado medidas y hay que reparar las pérdidas. Limpiar una hectárea de maleza para prevenir de incendios cuesta mucho menos que repoblarla después de que las llamas han arrasado con lo que han pillado a su paso.

Los geólogos recomiendan elaborar mapas de riesgos naturales para que tanto administraciones como propietarios sepan que deben tomar medidas si construyen en estas zonas y el dinero que les supondrá incorporar elementos para reducir los riesgos en su patrimonio inmobiliario. En definitiva, una ordenación urbana planificada.

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