OPEP

Uno de los actores más importantes a nivel internacional en el mercado del petróleo es la Organización de Países Exportadores de Petróleo, la OPEP. Agrupa a doce de los principales estados con reservas petrolíferas. La fuerza de esta organización radica en que acuerdan la producción de petróleo a nivel internacional influyendo de esta manera en el precio del crudo. Cuanta mayor producción haya, menor será el precio de esta mercancía y viceversa.

Los doce miembros de la OPEP (Arabia Saudí, Irak, Irán, Venezuela, Kuwait -fundadores de la organización-, Qatar, Libia, Emiratos Árabes Unidos, Argelia, Nigeria, Ecuador y Angola) controlan cerca del 75 por ciento de las reservas mundiales de petróleo. Esto les otorga un importante poder de negociación, ya que con sus acciones coordinadas son capaces de hacer fluctuar fuertemente el mercado internacional del crudo.

El principal hito de esta organización fue la respuesta que dieron a la guerra árabe-israelí del Yom Kippur en 1973. El contraataque israelí tras el avance inicial de Egipto y Siria amenazaba el desenlace del conflicto. La OPEP, integrada en su mayoría por países árabes en aquel momento, decidió establecer un embargo de petróleo a los países que apoyaban al estado judío. Esto elevó el precio del crudo desde unos 3 dólares el barril hasta casi 12 y desencadenó la primera de las llamadas “crisis del petróleo”.

La OPEP funciona como un denominado oligopolio o cartel. Con este nombre se conoce a las estructuras que agrupan a la mayoría de los productores de un determinado bien o servicio. Un cartel ofrece las ventajas a sus miembros de poder dividirse el mercado y de establecer una política de precios que elimina la competencia y altera las leyes normales de oferta y demanda. Lógicamente, para los países consumidores de petróleo, la existencia de un cartel es contraproducente ya que no les permite márgenes de maniobra a la hora de negociar los precios con los productores.

Las consecuencias de la existencia de un cartel internacional que controla el mercado del petróleo son evidentes en tanto que la economía global está basada en el crudo como principal fuente de energía. Los aumentos en su precio se ven rápidamente en forma de incrementos en todos los productos, ya que el petróleo y sus derivados están presentes en la cadena de producción y distribución de casi cualquier bien o servicio.

Al subir el petróleo, se incrementa el precio de los combustibles de los medios de transporte, tanto los que permiten a las personas desplazarse como los que efectúan portes de mercancías y materias primas. En el coste de la electricidad también se producen alteraciones, ya que una parte de la producción también se basa en la quema de combustibles fósiles.

Estos efectos visibles han llevado a muchos países, sobre todo a aquellos más dependientes de la importación de recursos energéticos, a diversificar su producción eléctrica. Desde los años 70, pero, en especial, a partir de los 90, cuando comenzaron las campañas más potentes de protección medioambiental, muchos gobiernos han optado por incentivar el desarrollo de energías renovables a fin de reducir su dependencia del petróleo. Sin embargo, y pese a estos esfuerzos, la economía mundial sigue estando basada en el consumo del petróleo y no es previsible que esta situación se revierta a corto plazo, con lo que la OPEP seguirá siendo un actor fundamental en el sistema económico internacional.

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