Michael Bloomberg

12 años de mandato y 365 dólares por año, hacen 4.380 dólares. Esa es la cantidad aproximada que Michael Bloomberg (Boston, 1942) se ha embolsado por tres legislaturas al frente de la mayor y más importante ciudad de los Estados Unidos, con permiso de la capital Washington.

Bloomberg llegó a la alcaldía de Nueva York en el año 2001, poco después de los atentados del 11 de septiembre contra el World Trade Center. Por delante tenía más de una década en la que tendría que revitalizar a una ciudad traumatizada por el impacto del mayor acto terrorista de la Historia. Y es probable que lo haya conseguido.

Antes de llegar a la alcaldía, Bloomberg era ya un conocido de Wall Street, donde había trabajado durante los años 70 y de dónde le despidieron a comienzos de los 80. Pero con el dinero que obtuvo echó a andar la empresa que lleva su apellido: el grupo de información financiera Bloomberg que compite con Reuters en ser el principal proveedor de información económica y financiera del mundo.

Si bien siempre ha sido considerado un liberal, es decir, próximo a las ideas del partido Demócrata; en 2001 se presentó a las primarias del partido Republicano para poder dar el salto a la alcaldía. En 2005 repitió la jugada pero ya en 2009 decidió prescindir de respaldo partidista y se lanzó como candidato independiente confiando en que el electorado le concediese por tercera vez su apoyo, pese a que tradicionalmente la alcaldía neoyorquina solo se ocupa durante dos mandatos.

A lo largo de estos doce años Bloomberg ha encabezado un proyecto de reforma de la ciudad y de lucha contra el crimen. Se ha ampliado el espacio para parques públicos aprovechando zonas industriales abandonadas y se ha prohibido fumar en casi cualquier espacio público, lo que ha reducido enormemente la tasa de fumadores en la ciudad. La medida no sentó bien en un principio a los hosteleros y restauradores, pero a la larga ha sido una de sus reformas estrella. No como su idea de regular los tamaños de los vasos de refresco para hacerlos más pequeños y combatir así, según pensaba Bloomberg, la obesidad en la ciudad.

El gran proyecto, que ha contado lógicamente con el respaldo de las administraciones Bush y Obama ha sido la reconstrucción de la zona Cero del 11-S. No será ya el alcalde cuando se inaugure la Torre de la Libertad el próximo año, pero sí ha asistido a la apertura del monumento a las víctimas del atentado durante la conmemoración del décimo aniversario de la tragedia.

La lucha contra la delincuencia ha sido también una piedra angular de la política de Bloomberg. Nueva York solía ser una de las ciudades con tasas de criminalidad más elevadas. Su antecesor, el republicano Giuliani intentó aplacarla con medidas contundentes. Bloomberg ha conseguido sin el empleo de la fuerza que incluso la tasa de asesinatos descienda a la mitad de la que registró la ciudad en el último año de mandato de Giuliani.

Bloomberg deja una ciudad más cercana al ciudadano y considerablemente más segura que la que encontró. Por el momento, el ya ex alcalde no ha regresado a un empresa sino que está pendiente de nuevos proyectos, lo que demuestra una envidiable vitalidad a sus 71 años.

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