Mercado del arte

Además de batirse en duelo por el liderazgo de la economía mundial, Estados Unidos y China también pujan por imponer su ley en el mercado del arte, una tarta cuyo tamaño se ha reducido por culpa de la crisis.

El gigante asiático manejaba en 2006 el seis por ciento del sector a escala global; tardó cinco años en trepar a la cima, donde se instaló con 2011 al copar una de cada tres transacciones. Hoy, con una cuarta parte del pastel, es la segunda potencia, por detrás de Estados Unidos, que en 2012 adquirió el 33 por ciento del arte que se vendió en el planeta.

El tercero en discordia es Reino Unido (23 por ciento), principal comprador de arte del Viejo Continente. A años luz (cinco por ciento) le sigue Francia.

El ranking, elaborado por la analista Clare McAndrew para la European Fine Art Foundation, arroja otro dato relevante: en 2012 el mercado se contrajo un siete por ciento con respecto al ejercicio anterior, nada sorprendente si se tiene en cuenta el oscuro panorama económico mundial.

Sin embargo, la recesión no es incompatible con los récords, que siguen rompiéndose en las subastas; el pelotazo más reciente lo ha protagonizado Francis Bacon, uno de los artistas modernos más cotizados. El tríptico que le dedicó a su colega Lucian Freud (convertido en 2008 en el pintor vivo más caro) se ha colado entre los cuadros más caros de la historia: 142 millones de dólares en una subasta en Nueva York, la pieza con el precio más alto por la que se ha pujado jamás fuera del mercado privado.

¿Pero cómo es posible que una obra se dispare así en un contexto tan duro como el actual? En primer lugar, Francis Bacon es un veterano triunfador en las subastas; o lo que es lo mismo: comprar sus trabajos equivale a apostar al caballo ganador. No hay más que recordar que otro tríptico del genio angloirlandés fue adquirido por el magnate ruso Roman Abramóvich, que pagó 64 millones de euros. Por otro lado, no hay que olvidar que el mercado del arte no está en crisis estrictamente: solamente ha caído la apuesta por las jóvenes promesas, porque, como en cualquier otro negocio, las operaciones de riesgo no viven su mejor momento.

Conviene tener también presente que en 2012, mientras muchas naciones se retorcían, creció un cinco por ciento el número de ricos, lo que sentó a nuevos jugadores en torno al tapete dispuestos a invertir en un terreno con tantos valores seguros como el del arte: Picasso, Warhol, Rothko, Giacometti, Monet, el mismo Bacon… Nombres que transmiten confianza y que sin duda continuarán subiendo como la espuma.

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