La franquicia inmobiliaria, una vía de desarrollo para el sector

La crisis financiera internacional ha venido acompañada de una segunda crisis en España, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria que ha supuesto un auténtico tsunami que desde 2008 ha azotado al sector ligado al ámbito del ladrillo. Fuera de criterios personales, familias en paro, destrucción de empleo, desaparición de empresas, era necesaria una limpieza en el sector. Durante casi toda la primera década del siglo XXI, parecía que cualquiera podía dejar su oficio de toda la vida para pedir un crédito, convertirse en promotor inmobiliario y ganar millones de euros. Esa filosofía se extendió a todos los niveles, profesionales y particulares, tanto que hubo inversores que fijaron todo su capital en el ladrillo y vieron en este sector la gallina de los huevos de oro.

El contagio de esta ilusión se hizo extensivo a todos los sectores, también a las franquicias inmobiliarias que llegaron a ser más de cincuenta durante la época dorada de la burbuja inmobiliaria. Tanto se infló el globo que explotó y ahora se están pagando las consecuencias. Según los datos de Tormo Franchise Consultores, el sector inmobiliario sobrevive con menos de veinte enseñas franquiciadas. Desde 2007 la red de agencias inmobiliarias ha caído en nuestro país más de un 80%. La situación parece que comienza a estabilizarse aunque aún está por ver que el precio de las viviendas deje de caer. Por otra parte a esa caída de precios hay que añadir la disminución de clientes potenciales dada la escasa financiación que ponen encima de la mesa los bancos para adquirir viviendas.

Con todo y con eso y precisamente por esta radiografía del sector, puede ser el momento de las franquicias inmobiliarias. Después de un proceso selectivo como este, únicamente los más fuertes sobreviven y en sus manos queda el negocio. Es momento de adaptarse a las nuevas necesidades los clientes: precios más ajustados, asesoramiento realmente profesional, acceso a la financiación, asesoramiento legal, etc. Bajo estas premisas el sector puede salir realmente reforzado de esta crisis y hacer de la adversidad un modo de superar las propias dificultades.

Por supuesto que no es fácil y hay que plantearse todas las variables necesarias para iniciar el camino de la franquicia inmobiliaria. Se acabaron los tiempos en los que el ladrillo parecía que subiría indefinidamente y dejaba suculentos beneficios para cualquiera que se atreviera a invertir. Esos tiempos probablemente no volverán pero es indudable que el mercado va buscar el término medio, el equilibrio de fuerzas que permita al sector inmobiliario ocupar su sitio.

Es cierto que hay un exceso de stock que ahora hay que asumir y que el sector financiero se ha convertido en una dura competencia para los profesionales puesto que es imposible competir con los precios que pueden poner los bancos a los pisos con los que se ha quedado. Además están jugando a que la escasa financiación que están dando, la otorgan para la adquisición de sus pisos y no los de las inmobiliarias.

No se trata de abrir una inmobiliaria en cada esquina, pero puede ser una oportunidad de negocio siempre y cuando el plan de viabilidad se estudie con detalle y se vea que hay un hueco en el mercado. Viviendas se siguen vendiendo aunque haya bajado mucho el número de compra-venta y si es cierta la percepción de que el mercado se está estabilizando, cuando recupere, los supervivientes del tsunami saldrán reforzados de la crisis.

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