Internas filipinas

Emigrar de un país a otro nunca es fácil. Primero, una persona se tiene que sacar las castañas del fuego para poder sobrevivir y, a partir de ahí, intentar triunfar en el país al que haya elegido viajar. Tenemos un ejemplo en nuestra propia casa, en España. Centenares y centenares de jóvenes están huyendo del país ibérico para terminar recalando en otros destinos. Bien puede ser Europa, donde Reino Unido, Alemania, Francia o Bélgica son los países donde se encuentra la mayor proporción de recepción de ciudadanos españoles, o bien lugares muchos más alejados, como Sudamérica, donde parece que la economía lleva otro ritmo.

Ir a otro país es un auténtico quebradero de cabeza porque supone empezar desde cero e ir creciendo poco a poco hasta encontrar una estabilidad. El proceso es lento, arduo y complejo. Una persona tiene que iniciar una búsqueda intensiva de alojamiento para, por lo menos, tener un techo donde vivir. El siguiente paso es aclimatarse a la nueva ciudad y, por supuesto, buscar un trabajo remunerado, aunque en la mayoría de ocasiones el trabajo no sea de “lo nuestro”. Así puede suceder también con el segundo empleo y con el tercero…

En otras palabras, si un estudiante español que haya terminado la carrera, viaja a otra ciudad con el objetivo de trabajar en algo afín a sus estudios lo va a tener muy complicado. El principal motivo de huida entre los jóvenes es la ausencia de trabajo relacionado con las carreras o estudios que han cursado en el pasado. Seguramente, tendrá otros trabajos nada comunes a los estudios, como por ejemplo dar clases particulares a niños en español, trabajar en un hotel o en una franquicia, entre otras opciones. Aunque hay que apreciar la parte positiva de la marcha, porque, primero, se estudia el idioma y, segundo, porque hace madurar a una persona. Hablando en líneas generales.

Pues bien, si España es un país donde actualmente la emigración está volviendo a crecer entre los más jóvenes como hace casi treinta años, el país ibérico también recibe personal de sitios bien diferentes. Por una parte, hay una gran acogida de gente que viene de América Latina. Hay una gran proporción de bolivianos, peruanos, argentinos colombianos y ecuatorianos. Por otra parte, también se acoge a numerosos ciudadanos magrebíes. En tercer lugar, se encuentran las personas que proceden de Europa del Este y el último mercado, quizás por desgracia, el más perjudicado, vienen de lugares muy exóticos como China o Filipinas.

Respecto a estos últimos, la mayoría de las mujeres que vienen de Filipinas y son contratadas por agencias suelen ser explotadas en todo el sentido de la palabra. Hay mucho interesado que lo que pretende es enriquecerse a través de la cuasi-esclavitud de un ciudadano que no es europeo, que ha tenido que pagar mucho dinero para poder viajar a una región del viejo continente, como puede ser el caso de España, y apenas conoce el idioma.

Mujeres filipinas o chinas que vienen a España deseando trabajar y que, en muchas ocasiones, se dedican a las labores de la limpieza de hogares. A partir de un salario mínimo, muy mínimo, las trabajadoras son explotadas durante horas realizando servicios domésticos. En este sentido, las zonas donde hay una gran proporción de tratos denigrantes se encuentran en las grandes ciudades como Madrid o Barcelona, ya que aquí es donde se puede hacer negocio.

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