Historia de ETA

Pese a estar aún en el aire, dado que la banda terrorista ETA no ha anunciado todavía su disolución total ni ha entregado las armas que posee, parece que el futuro del País Vasco no estará marcado por la actividad terrorista. El anuncio de abandono de la lucha armada que hizo ETA en octubre de 2011 ha permanecido vigente, al menos en cuanto a atentados y asesinatos, hasta la fecha. Este panorama sin violencia es un entorno nuevo para Euskadi después de más de 50 años. Y gracias al fin del terrorismo se pueden abrir grandes oportunidades de negocio.

El estudio de las repercusiones económicas del terrorismo en Euskadi ha sido un tema un tanto tabú, en cuanto que podía parecer frívolo hablar de dinero mientras personas inocentes eran asesinadas. Uno de los pocos autores que se han preocupado de este aspecto del conflicto vasco ha sido Mikel Buesa, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Foro de Ermua.
Buesa lleva años intentando cuantificar indicadores económicos que reflejen la influencia del terrorismo en el País Vasco. Según sus cálculos, lo peor no es el coste de los daños materiales causados o el dinero que ha ido a parar a la banda a través de la extorsión. Lo que ETA ha provocado realmente a la economía vasca es la pérdida de hasta un quinto de su potencial de crecimiento en los últimos 15 años.

Sin la acción de los terroristas, el crecimiento de la economía vasca hubiese sido mucho mayor. En ello habrían incidido varios factores. En primer lugar, los empresarios habrían estado más dispuestos a invertir su dinero en Euskadi, ya que no habrían temido ni los efectos de los atentados ni la amenaza del “impuesto revolucionario”, la tasa que ETA cobraba a modo de extorsión a los empresarios afincados en suelo vasco.

Tampoco se habría producido la masiva salida de personas del País Vasco. Aunque los datos varían, se cree que más de 200.000 personas emigraron de Euskadi huyendo de la violencia. Esto ha empequeñecido el mercado laboral vasco y ha reducido también el consumo interno.

La desaparición de ETA o, al menos, el cese de la violencia terrorista tiene además implicaciones en el gasto público. El despliegue de las fuerzas de seguridad del Estado, en el caso de la confirmación del abandono total de las armas por parte de la banda, sería excesivo en los términos actuales. Ya en 2012, el gobierno redujo el número de personas a las que se les asignaba protección por guardaespaldas, recortando también esta partida. Es cierto que tal recorte no ha tenido como contrapartida un aumento de otros conceptos del gasto público dado el contexto de crisis, pero, en un futuro económico menos incierto, las administraciones públicas contarán con fondos que, hasta ahora, se dedicaban a la lucha antiterrorista.

Un panorama económico sin la sombra de la violencia, sobre todo en una economía potente como la vasca, es esperanzador. Sin embargo, la economía de Euskadi no alcanzará su máximo potencial hasta dentro de unos años. Eliminar la imagen negativa y poco atrayente que ETA ha generado llevará tiempo. Además, se une a los factores que ralentizaron, durante décadas, el panorama general de crisis. No obstante, el futuro económico del País Vasco es hoy mucho más luminoso que hace dos años.

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