Estado de Bienestar

En general, los países europeos cuentan en mayor o menor medida con un sistema de protecciones sociales que ha venido en llamarse el Estado del Bienestar. En la actualidad, este modelo de Estado se encuentra amenazado cuando no puesto en entredicho incluso por aquellos que deberían defenderlo. Pero sin duda, el modelo europeo de Estado del Bienestar es el más amplio y el que más cobertura aporta a sus poblaciones a nivel mundial. Pero no siempre fue así. ¿Cuándo y por qué comenzaron a desarrollarse los estados del bienestar?

Si bien existían ya precedentes, la eclosión del modelo se da tras el fin de la II Guerra Mundial. En el afianzamiento del Estado de Bienestar en la Europa Occidental intervienen dos factores determinantes y a la vez interrelacionados. El contexto histórico es fundamental. Todo el continente estaba arrasado por efecto de los seis años de contienda y los Aliados comenzaban a dividirse en dos grupos, el liderado por Estados Unidos en el Oeste y el capitaneando por la Unión Soviética al Este.

De este contexto de comienzo de la Guerra Fría se deriva el primero de los factores: el prestigio adquirido por la URSS durante el conflicto y la extensión de su influencia en aquellos países que el Ejército soviético había liberado de la ocupación nazi. Este prestigio se tradujo en un auge de los partidos de izquierdas en todo el continente, siendo los más importantes los de Italia, Francia y Grecia dónde las diferencias entre el régimen y los comunistas terminaron en una guerra civil que se prolongaría hasta 1950.

Y es el auge de estos partidos izquierdistas el otro factor determinante. Tanto las formaciones políticas como los sindicatos obreros llevaban ya décadas con sus reclamaciones a favor de la clase trabajadora. Pero en ese contexto de devastación sus reivindicaciones eran aún más evidentes ya que la gran parte de la población de los países estaba sufriendo las penalidades que hasta entonces solo habían afrontado los obreros. Esto suponía una amenaza para los intereses estratégicos de Estados Unidos y de sus gobiernos aliados que veían como los partidos de izquierdas, que admiraban el “paraíso socialista soviético”, iban ganando fuerza.

La decisión fue la de implantar un modelo de Estado que tuviese la capacidad y los medios para proveer de lo necesario a toda la población para que pudiesen disfrutar de una vida digna. Para ello se procedió a la universalización de la sanidad y la educación públicas, se desarrollaron los subsidios de desempleo y de jubilación, las prestaciones por discapacidad y una serie de coberturas sociales que buscaban paliar los efectos en primer lugar de la guerra y en segundo lugar de las diferencias generadas por el sistema de clases sociales.

De este modo, el propio Estado liberal se dotó de instrumentos redistributivos y de intervención en la economía y la sociedad, en línea con la ideología de los partidos de izquierdas. Así consiguió afianzarse como modelo alternativo al sistema socialista promulgado por la URSS. Eso sí, en sus primeros tiempos se da la paradoja de que el Estado de Bienestar de los europeos fue financiado por el país más liberal-capitalista del planeta, los Estados Unidos. Pero en la lógica de la Guerra Fría, esta concesión a los europeos occidentales poco importó a los estadounidenses dada la tranquilidad que les proporcionaba que el Viejo Continente no estuviese en manos de su enemigo soivético.

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