Denominaciones de origen

A la hora de escoger un buen vino para servir en celebraciones o decidir si queremos comer ternera de una región u otra los consumidores tienen una herramienta útil, las denominaciones de origen. Este es un nombre genérico que da amparo a dos grandes categorías, las denominaciones de origen protegida y la indicación geográfica protegida. Este tipo de etiquetas se han desarrollado tanto para proteger la calidad de los productos como para informar al consumidor del origen y la forma en que se han producido. Además, estas certificaciones hacen que este tipo de bienes de consumo, que atestiguan una determinada calidad, puedan presumir de ella y por tanto hacerse más atractivos a los ojos de los consumidores.

En pocas palabras, la denominación de origen protegida representaría un plus de calidad frente a la indicación geográfica protegida. Por ejemplo, en el caso del vino, solo aquellas marcas que demuestren que obtienen su producto con uvas exclusivas de una determinada zona y que existen unas características comunes a todos los productos de esa región que las diferencian de los originarios de otros lugares pueden emplear el calificativo de vino de denominación de origen protegido. Otros vinos que también tengan una reputación y características propias atribuibles a su origen geográfico, pero que en cuya elaboración haya al menos un 85 por ciento de uvas oriundas de la zona, solo podrán aspirar a la indicación geográfica protegida.

Entre los primeros encontramos muchas variedades distintas, siendo las más conocidas las de denominación de origen y denominación de origen calificada. Para alcanzar la calificación, la zona amparada por la denominación de origen debe tener más de 10 años de vida.

Existe una denominación muy específica que es la de los llamados “vinos de pago”. Estos son los elaborados dentro de un espacio geográfico muy reducido y cuyo proceso de producción queda circunscrito al propio pago, es decir, que el cultivo, el encubado, el embotellado y el almacenaje se realiza todo dentro de los límites del pago. Estos vinos entran dentro de la categoría de denominación de origen, porque además de sus características singulares de elaboración han de cumplir con los estándares de calidad de la denominación de origen calificada.

Los vinos etiquetados con la indicación geográfica protegida suelen ser los denominados “vinos de la tierra”.

Pero las denominaciones de origen van más allá de los vinos. También los licores y otros productos alimenticios pueden aspirar a obtener estas calificaciones. Entre las bebidas alcohólicas destiladas, España cuenta con diversas denominaciones específicas como las del orujo gallego, el pacharán navarro o el chinchón.

El salto se está produciendo en relación a otros productos. Así entre las carnes españolas que cuentan con indicaciones geográficas protegidas hay que destacar las del vacuno de la sierra del Guadarrama (que acoge principalmente al ganado de raza avileña que pasta en las montañas del sistema central) y la ternera gallega. Además, por supuesto están las etiquetas para embutidos y jamones de cerdo ibérico. Éstas son un mundo aparte en las que el grado de calidad depende tanto de la pureza de raza del cerdo y la alimenación del animal. Así, los jamones ibéricos más cotizados son los obtenidos de cerdos ibéricos puros que han sido alimentados durante los últimos meses de su vida exclusivamente con bellotas. A parte, para obtener los este tipo de jamones, las piezas han de pasar un mayor tiempo en las cámaras de curación tras el proceso de salado. Solo así se consigue el sabor característico de este manjar tan nuestro.

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