Crisis del petróleo

Si miramos hacia atrás en la Historia, veremos que la crisis financiera y económica de 2008 no ha sido la primera ni tampoco será probablemente la única. Su alcance ha sido sin duda mayor que el de otras precedentes, como la crisis del petróleo de 1973. Este periodo cuyos efectos se prologaron hasta bien entrados los años 80 por el estallido de una segunda crisis vinculada al crudo, se caracterizó por la elevación brusca de los precios de todos los productos a consecuencia de una aumento exponencial del precio del petróleo y por un aumento de las tasas de desempleo en la mayoría de países industrializados. Sin embargo, si bien el precio del crudo fue un factor determinante, no fue sino el desencadenante final de la crisis.

La crisis se venía gestando desde al menos dos años antes. El elevado coste de la intervención estadounidense en Vietnam había movido al presidente Richard Nixon a desvincular al dólar del patrón oro. Esta medida desestabilizó inicialmente el mercado de divisas. Sin la referencia del dólar apoyado en el oro, las demás divisas empezaron a sufrir fluctuaciones importantes. El propio dólar se devaluó hasta un 8 por ciento.

En 1973, durante la festividad judía del Yom Kippur, Siria y Egipto atacaron por sorpresa Israel. Al cabo de unos días, los israelíes consiguieron detener el avance árabe e iniciaron una contraofensiva. Para ello obtuvieron ayuda en forma de envíos de armamento desde Estados Unidos y otros de sus aliados. Como forma de protesta por esta intervención, los países de la OPEP establecieron un embargo petrolero contra Israel, Estados Unidos y Holanda y con el mismo movimiento forzaron el precio del crudo al alza. Desde tres dólares en octubre, el barril pasó a costar 12 cuatro meses después, es decir el precio se multiplicó por cuatro.

Esto trajo lógicas consecuencias económicas ya que el petróleo se había convertido a lo largo de los años 50 y 60 en el principal combustible para la producción energética del mundo, y en pilar fundamental de las economías industrializadas de occidente. Pensando solo en el caso español, el consumo de energía saltó de 12,4 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtep, es una medida energética; cada unidad equivale a la energía que se libera de la combustión de una tonelada de petróleo) en los 50 hasta 45,1 Mtep en los años 70, es decir que se incrementó en más del triple dado el desarrollo industrial de España en aquellas dos décadas.

El incremento del precio de los productos no llevó parejo un aumento de los salarios, sino su congelación. Lo que sí produjo fue gran cantidad de despidos que unidos a la inflación disparada (uno de los factores que no hemos presenciado en la crisis actual) llevó a un empobrecimiento generalizado de las clases medias y bajas. En Estados Unidos, dado el elevado consumo y el embargo se tuvieron que tomar medidas de racionamiento de la gasolina. En Japón en cambio, dado el alto grado de desarrollo del transporte público, los ciudadanos no sufrieron graves perjuicios.

En España, los últimos coletazos de la crisis del 73 se entrelazaron con la Transición y ésta con el estallido de la segundad crisis petrolera con lo que las medidas de reestructuración de la industria fueron pospuestas hasta los años 80 cuando el clima político se estabilizó y se pudo abordar la reforma económica que el país necesitaba desde una década antes.

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