Crear empleo

Con la segunda tasa más elevada de desempleo de la Unión Europea y una economía que parece no terminar de salir de la recesión, España se enfrenta a un tremendo problema económico, social y, en última instancia, político. Y la cuestión no es otra que intentar dar con las claves que permitan crear empleo capaz de reducir la carga de subsidios a la administración y reactive el consumo de las familias.

Una de las principales teorías económicas que estudia la relación entre creación de empleo y crecimiento económico dice que es imposible el descenso del paro si no hay tasas de incremento del Producto Interior Bruto superiores al 2 por ciento. Es la llamada Ley de Okun que fija un umbral de entre el 2 y el 3 por ciento de subida anual del PIB como el momento en el que las economías desarrolladas comienzan a necesitar de más mano de obra para mantener ese ritmo de creación de riqueza.

Sin embargo, no hay que desesperar. Algunos de los problemas que arrastraba la economía española hasta hace unos años y que suponían barreras a la contratación han intentado subsanarse a través de distintas reformas.

Por un lado, pese a que ha supuesto una pérdida de garantías contractuales para los trabajadores, la reforma del mercado laboral ha incidido en uno de los elementos que más bloqueaban la creación de empleo. Se han reducido los trámites para firmar contratos y se ha recortado el número de tipos de contratos hasta dejar solo cinco.

Por otro lado, se están proporcionando ayudas a la contratación y al autoempleo, como las reducciones de las cuotas de la Seguridad Social para las empresas que contraten a jóvenes o parados.
En 2012, el Wall Street Journal apuntaba algunas medidas más. Según el diario neoyorquino, los españoles tendrían más posibilidades de crear empleo si renunciasen a algunos privilegios como los largos periodos de vacaciones, los cuáles son obligatorios de agotar, o redujesen las horas que disfrutan los liberados sindicales. Estas y otras medidas, según el Wall Street Journal, ayudarían a mejorar la producción y harían de España un país más atractivo para la inversión extranjera. En cambio, el Fondo Monetario Internacional proponía medidas aun más drásticas, solicitando una bajada salarial que contribuiría a la mejora de la productividad.

La vía que está tomando el gobierno es la de no llegar a esos extremos y reorientar la economía hacia el sector exterior. La idea del ejecutivo es salir de la crisis por medio de las exportaciones. Si la economía española consigue vender más mercancías en el extranjero que las que importa, las empresas crecerán e ingresarán dinero en España. Ese dinero, teóricamente contribuiría a reactivar el mercado interno, es decir, los trabajadores, con esperanza de estabilidad laboral, gastarán sus salarios y las empresas contratarán a más personas u obtendrán bienes y servicios, lo que llevaría a que se generase más empleo. Sin embargo, el sector de la exportación (en 2012, las ventas al exterior representaban el 32,45% y se valoraban en más de 220.000 millones de euros)todavía no tiene el peso necesario para ser el motor económico del país, como sí lo es en Alemania.

Una de las mayores preocupaciones que tiene el gobierno es la relativa al acceso al crédito. Si el ejecutivo ha creado un marco legal para que pequeñas empresas y autónomos tengan ventajas fiscales que les lleven a emprender negocios, la banca está bloqueando estas aspiraciones al no facilitar dinero para que arranquen estos proyectos. El gobierno debe presionar al sector financiero para que, sin asumir riesgos que puedan llevar a otro descalabro económico, inyecten dinero en la economía abriendo el grifo del crédito.

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