Competencia perfecta

Cuando Adam Smith, el padre del capitalismo y uno de los primeros economistas de alcance internacional, escribió su obra cumbre –De la riqueza de las naciones—seguramente estaba pensando en el mercado de competencia perfecta al hablar de la “mano invisible” que mueve el mercado. Esta fuerza racional hace que compradores y vendedores se pongan de acuerdo en los precios más eficientes para un producto. El razonamiento de Smith era que el mercado por sí mismo, en unas determinadas circunstancias, producía los mejores resultados posibles: se fija el precio y el número de unidades a producir y que van a ser aceptadas por los clientes.

Para ello se tendrán que dar ciertas condiciones. En primer lugar se debe dar una total libertad de concurrencia en el mercado. No deben existir trabas que impidan que un oferente cualquiera pueda comenzar a producir bienes en ese mercado (que no existan impuestos muy elevados, que no se exijan permisos específicos para comerciar con el producto, etc.). Además, en el mercado de competencia perfecta deben existir muchos productores y muchos compradores con la misma fuerza. De esta manera ninguno de ellos podrá imponer sus precios a nadie ya que todos serían iguales (no habría grandes tiendas y otras más pequeñas).

Además el bien o servicio comerciado debería ser perfectamente igual en todos los establecimientos. El resultado de esto sería que a los clientes les resultaría indiferente comprar en uno u otro establecimiento ya que el producto es exactamente igual. Otra condición es la referida a la información. El modelo de mercado de competencia perfecta asume que todos los agentes del mercado cuentan con la misma información relativa al producto, su precio, las cantidades producidas. A la existencia de información se une la asunción de que los agentes del mercado son perfectamente racionales y se guían en sus decisiones de compra por la maximización de su interés.

Es evidente que este tipo de mercados es inexistente en el mundo real. Desde la condición del producto a las cuestiones de información imperfecta hacen que los mercados de competencia perfecta sean una utopía teórica de los economistas liberales. En el mundo real los comerciantes intentan distinguir sus objetos de los de la competencia a fin de hacerlos más atractivos. Es también obvio que no todos los agentes del mercado tienen el mismo peso y poder a la hora de fijar las cantidades ofertadas y al fijar los precios. Además, la racionalidad de los consumidores no es perfecta tampoco.

El modelo de mercado de competencia perfecta es eso, un modelo, pero sirve de referente para intentar mejorar los mercados reales. El objetivo de los economistas en esta área es el de plantear qué medidas pueden servir para solventar los fallos de mercado y acercar la acción real de los mercados a la acción considerada más eficiente del modelo.

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