Despido improcedente

Estamos en una época en la que criticar es muy sencillo y engañar al prójimo también. Mentir ante la justicia es complicado, aunque posible, y ser un falso ante un compañero de trabajo, ante un amigo, ante la novia o el novio, ante el jefe de una empresa o lo que sea se ha puesto muy de moda en estos tiempos tan modernos. En especial, por Internet. Pero hay una virtud o defecto que el género humano conserva desde hace siglos y es ser un valiente ante el resto. No todo el mundo posee esta virtud, pero no todo el mundo desea obtener esta ventaja. Consiste en decir las cosas en persona, a la cara. Ser directos ante el individuo que se tiene enfrente en un momento instantáneo o preciso de la vida.

Hablar a la espalda, engañar a terceras personas y criticar por Internet se ha puesto muy en boga en estos últimos años. Las redes sociales, los blogs corporativos y personales, las cuentas falsas o cualquier otra manera empleada con el fin de desprestigiar a la persona que se odia. Hay tales medios para hacer daño que, en muchas ocasiones, se falla en lo más simple y en lo mejor, que no es otra cosa que tener una conversación con aquella persona con la que deseamos hablar.

Toda esta introducción o escrito filosófico consiste en intentar relatar y abrir los ojos de que, en la sociedad, hay amigos, compañeros, directivos, directores y un personal más amplio que pueden hacer mucho daño y ser un perjuicio para otras personas. El engaño y la mentira existen desde siempre y, no solo nos puede pasar y nos pasará en el trabajo, sino que es un comportamiento muy común entre los ciudadanos que iremos conociendo a lo largo de nuestras vidas.

Un caso muy práctico puede ser el que ocurre cuando un directivo o el jefe de una empresa quiere despedir de una empresa y de forma ilegal a un trabajador que, por unos u otros motivos, no le cae bien o, simplemente, quiere disminuir los costes de personal (de los trabajadores) para incrementar los ingresos de la compañía.

Un despido improcedente se da cuando el director de una empresa decide despedir a un trabajador sin que existan motivos laborales justificados. El empresario puede entender que es un despido procedente, es decir, que hay una causa justificada detrás porque su objetivo no es otro que el de despedir a dicha persona. Pero, para el trabajador, es un despido improcedente. En otras palabras, ha habido un despido que para él es considerado injusto e inmoral, pues ha cumplido puntualmente con la parte que le corresponde en el contrato firmado.

En estos casos, el trabajador debe poner una denuncia, explicar el motivo y, en el momento del juicio, dejar que el juez estudie, analice y observe las causas tanto del demandado (el empresario) como del demandante (el operario).

¿Cuáles son aquellas actividades que pueden considerarse subjetivas u objetivas por parte del empresario en el momento del despido? Puede haber muchas, variadas y, en ocasiones, extrañas. Por ejemplo, es posible que la persona contratada por la empresa realice su trabajo durante un período de tiempo tras firmar un contrato y que no satisfaga las demandas y necesidades del empresario, siendo un motivo personal el despedir al operario. Este comportamiento es totalmente injusto para el trabajador siendo para él un despido improcedente.

Por el contrario, para la empresa sería procedente, porque entendería que hay una causa justificada de por medio. En este caso, el trabajador pondría una denuncia y esperaría el resultado bien por parte del empresario o bien el día del juicio. La empresa tiene un margen de cinco días para corregir sus errores. En caso contrario, y siempre que no haya acuerdo o conciliación entre ambas partes para subsanar la situación o, en su caso, atender las peticiones realizadas por el trabajador en su denuncia (que puede solicitar la readmisión), debería cumplir la sentencia establecida por el juez.

El descrito sería un acto improcedente, pero hay otros comportamientos para los que realmente existe una justificación detrás e, incluso, pueden contar con la existencia de testigos. Por ejemplo; si el asalariado va alcoholizado al trabajo todos los días, hay una causa justificada que puede ser motivo de despido.

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