Cómo cotizar una empresa en bolsa

No todas las sociedades anónimas pueden cotizar en Bolsa. Deben cumplir con algunos requisitos mínimos para que sus acciones puedan negociarse e intercambiarse en los mercados de valores.

Antes de explicar cómo se cotiza una empresa en Bolsa, hay que saber qué tipo de empresas pueden hacerlo. Suelen ser las empresas constituidas como sociedades anónimas, ya que son estas las que dividen su capital social en acciones. Los propietarios de la empresa tienen acciones como títulos de propiedad; de ahí que se les llame accionistas. Esto les da derecho a votar en las juntas generales o a cobrar dividendos. Son estas sociedades las que cotizan en Bolsa, ya que las acciones pueden ser intercambiadas por dinero. Es decir, es un tipo de título que siempre es transferible, a diferencia de las participaciones, que sería el título de propiedad de una Sociedad de Responsabilidad Limitada y cuyo traspaso está sujeto a más restricciones.

No todas las sociedades anónimas pueden cotizar en Bolsa. Deben cumplir con algunos requisitos mínimos para que sus acciones puedan negociarse e intercambiarse en los mercados de valores. Para empezar, su capital social, entendiendo como tal las aportaciones que realizan los socios accionistas a la empresa (ya sea en forma de dinero, ya sea en propiedades de otro tipo), debe ser superior a 1.202.025 euros. Para comprobar que se cumple este requisito, se excluye del cálculo la porción del capital social que pertenece a accionistas que controlen una suma igual o superior al 25% de las acciones.

Por ejemplo, si una empresa tiene como capital social 2.000.000 de euros y un accionista controla el 50% de las acciones, esta empresa no puede cotizar en Bolsa, ya que no cumple el requisito de que su capital social sea superior a 1.202.025 euros descontando la parte correspondiente a los accionistas que poseen más de un cuarto de las acciones. Por el contrario, si la misma empresa tuviese un accionista que fuese propietario de un 25% de las acciones (500.000 euros), sí podría cotizar ya que el resto de capital social sería superior al mínimo.

La segunda condición para cotizar en el mercado de valores determina que la empresa debe haber obtenido beneficios en los dos años anteriores a la salida a Bolsa o en, al menos, tres de los cinco años previos a comenzar la cotización. El objetivo es que la empresa sea capaz de poder pagar un dividendo igual o superior al 6% del capital que decida sacar a Bolsa. Por último, al acabar el proceso de salida a Bolsa deberá haber más de cien accionistas que no posean más del 25% de acciones cada uno.

Estos son los requisitos para las empresas nacionales que quieran cotizar en la Bolsa española. No obstante, también las empresas extranjeras pueden negociar sus acciones en el parqué nacional. Para ello, aparte de cumplir los anteriores requisitos, deben presentar una auditoría de sus cuentas de los últimos tres años, así como inscribirse en los registros nacionales.

La Comisión Nacional del Mercado de Valores, el organismo encargado de vigilar que se respeten las normas en los intercambios bursátiles, exige a las empresas que cotizan que presenten documentos con los que pueda controlar el estado económico y financiero de estas compañías. En la salida a Bolsa, solicita el llamado “folleto informativo”, es decir, un resumen que recoge la información más importante sobre la empresa. También deben presentar los llamados “estados financieros” que no otra cosa que los libros de cuentas anuales: cuenta de pérdidas y ganancias, el balance de la empresa y la memoria financiera. Además, cada tres meses, se deben publicar los adelantos correspondientes de estos documentos a fin de que la información disponible siempre sea lo más actual posible.

Antes de salir a Bolsa, la empresa deberá determinar cómo y a qué precio va a vender sus acciones. Por un lado, puede decidir vender algunas de las acciones que ya están en manos de los actuales propietarios (acciones viejas), aunque, en general, se suele recurrir a la emisión de acciones nuevas, es decir, a una ampliación de capital, lo que, de entrada, origina una depreciación del valor de la acción. El precio fijado debe ser lo más ajustado posible a lo que los inversores aceptarán en el momento de la salida a Bolsa. En caso contrario, se corre el riesgo de arrancar con un precio hinchado y ver cómo, al cabo de un par de días de euforia, las acciones se desplomen, como le ha sucedido a Facebook.

Empezar a cotizar en Bolsa es una decisión que debe ser meditada ya que, aunque presenta muchas ventajas (acceso a financiación relativamente barata, mayor notoriedad y aparente respetabilidad) también implica que la empresa va a quedar expuesta a la especulación bursátil o a intentos de toma de control agresivos (las OPAs hostiles), entre otros riesgos.

Leave a Reply

Your email address will not be published.