Balance financiero

Desde pequeños nuestras madres nos han dicho que hay que ser ordenados. El orden nos ayuda a ver qué tenemos y dónde con más claridad. Por este motivo, para llevar una empresa hay que tener cierto control. Debemos tener las cuentas muy bien atadas si queremos saber de dónde viene nuestro dinero. Y más importante todavía, en qué nos lo estamos gastando. Para eso, existe lo que se llama un balance de situación. Se trata de analizar con detalle las cuentas de una empresa. Para ello, hay que aclarar una serie de conceptos.

Los activos son todos los bienes que tiene una empresa. Es decir, materiales o bienes inmuebles que se han ido adquiriendo con el paso del tiempo. Se dividen entre inmovilizados, que son inversiones a largo plazo, y materias primas o bienes controlados por la empresa que son activos a corto plazo. La diferencia entre ambos es que los de corto plazo nos remiten liquidez en un periodo corto de tiempo. Para que quede más claro, el activo es lo que ingresamos o el dinero que nos entra en nuestra cuenta. Por otro lado, el pasivo son las obligaciones con terceros. Es decir, los gastos que tenemos para realizar la actividad de nuestra empresa. Y el patrimonio neto, es el capital social de la empresa, es decir la inversión inicial, más las reservas y beneficios que no se han repartido entre los socios.

Estos tres conceptos son básicos, para hacer un balance de cuentas. Hay que tener muy claro, dónde se debe colocar cada compra, o venta que se haga en la empresa. El balance se divide entre lo que tenemos, y lo que debemos. El debe, frente al haber. Aunque parece algo lioso, es bastante sencillo. A través del balance, se trata de justificar de dónde sale el dinero, y a dónde va a parar.

Por ejemplo, una empresa que acaba de empezar y comienza su inversión de materiales. El pago de esos materiales sale de la cuenta del banco por lo que justificamos que los materiales se pagan desde nuestra cuenta. Y así, se hace con todos los gastos e ingresos que llevemos a cabo durante el ejercicio. El balance se hace una vez al año para controlar que todas las operaciones sean correctas y que no haya anomalías en nuestras cuentas.

Generalmente, lo que suele ocurrir, es que para comprobar que todo esté bien, se solicita a una auditoria que revise el balance de la empresa. De esta forma, una compañía externa, analiza desde fuera, que no existan irregularidades en dicha empresa. Y es que, además de llevar un control más exhaustivo, sirve para que todo esté ordenado. Gracias al balance, cada empresa tendrá muy claro, en qué se gasta el dinero, y de dónde vienen todos los ingresos.

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